Guerrero Jr. tiene en Bichette competencia en Toronto

Los Blue Jays comenzaron su reestructuración para competir en esta década hace un ciclo, desde la cima (93-69), pero cuando ese núcleo tenía fecha de partida. Ese año consiguieron 120 jonrones de José Bautista, Edwin Encarnación y Josh Donaldson, ganaron el Este (93-69), perdieron en la serie de campeonato ante los campeones Reales y llevaron 2,7 millones de fanáticos al Rogers Centre.

Un nuevo proyecto en el que hijos de ex peloteros titulares están llamados a jugar un rol importante. Así, en julio de ese año dieron US$3,9 millones por Vladimir Guerrero Jr., un prospecto con un potencial en las nubes y que jugar en Canadá agregaba un plus, país donde nació y donde su progenitor comenzó a rellenar las casillas que lo llevaron al máximo lugar con el que puede soñar un pelotero.

En 2016 los Azulejos tomaron en el sorteo Bob Bichette (puesto 66) por el que pagaron US$1,1 millones, además de Cavan Biggio (162) por el que solo pagaron US$300,000. En 2017 ficharon al cubano Lourdes Gurriel hijo (cuya padre y hermano mayor son leyendas en su país), al que garantizaron US$22 millones por siete temporadas.

El cuarteto va a su segunda campaña junto sin mayores pretensiones en un Este donde Yankees y Rays parecen destinados a competir por el banderín, pero ya el reloj de las comparaciones se ha activado. Un curso apresurado donde no parece haber premura, con el año 2021 como el primero donde los Azulejos aspirarían competir.

Un Guerrero a quien sus 250 libras genera preocupación desde el día uno acaba de ser movido de la tercera a la primera, tras un ensayo de 96 partidos donde mostró resultados desastrosos (costó 9 carreras y cometió 17 errores). Nadie como él llegó en alfombra tan roja, una distinción adelantada que se espera compense con el madero.

De acuerdo con la nueva métrica “Infield Outs Above Average” (OAA) o “Outs sobre el infield promedio” de Statcast, Guerrero tuvo -16 OAA en 2019, el último entre 218 jugadores del cuadro que calificaron como regulares.

Pero Bichette, cuyo padre Dante fue el menos trascendente y el que no es inmortal del grupo, arrancó con la pole, en esa carrera inevitable entre hijos de leyendas.

Como Guerrero y Biggio, Bob creció en un clubhouse de MLB, con acceso privilegiado desde fotos hasta consejos de bigleaguers del mayor nivel y aunque su padre quería que fuera tenista, baloncestista o futbolista el apoyo para perseguir su sueño en el béisbol lo encontró en su madre.

En tiempo donde los datos sabermétricos mandan, Bob quedó mejor parado que Guerrero y Biggio al evaluar el desempeño por tiempo de juego. En solo 46 partidos totalizó 2.3 victorias sobre jugador reemplazo (WAR) contra las 1.5 que Vladi Jr., consiguió en 123 choques. Bichette lideró el trío con 2.9 en los 100 encuentros que disputó, más del doble que Bob y 23 menos que el dominicano. Gurriel tuvo 1.5.

“El cielo es su límite”, dijo en una entrevista reciente el dirigente del conjunto Charlie Montoyo.

Bichette, jugando una posición defensiva premium como el campo corto, salvó cuatro vueltas con el guante con una línea ofensiva de .311/.358/.571 en promedios de bateo, embasarse y extrabases. Guerrero tuvo una de .272/.339/.433, en tanto que Biggio, el más maduro del grupo con 25 años, cerró con .234/.364/.429.

Solo dos semanas después de ser subido logró una racha de nueve partidos pegando al menos un doble, empatando la marca de las Mayores en extrabases, con nada más y nada menos que Babe Ruth. Su hermano, Dante Jr., fue una selección de primera ronda de los Yanquis en 2011, pero no pasó de Clase A

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